jueves, 26 de noviembre de 2015

EINDHOVEN, AMSTERDAM, VOLENDAM, EDAM


La llegada a Holanda fue por Eindhoven, ciudad que visitamos por su museo de Philips principalmente. En él se pueden ver un montón de cosas antiguas y menos antiguas fabricadas por la compañía así como toda la historia de la fábrica con más historia de la ciudad y quizás del país. Nos impresionó la cantidad de inventos creados por Philips desde su creación en 1891 hasta el día de hoy. Nos mereció la pena y la curiosidad el museo :-)

Sin expectativas ni idiosincrasias equivocadas (prostitutas y marihuana), nos dirigimos hacia la ciudad de las mil y una bicicletas, para ser más exactos se calcula que unas 700.000... La primera impresión al salir de la estación de tren es de una ciudad muy viva, antigua en aspecto pero moderna en el fondo y los valores. En ciertas horas punta el trasiego de bicis es enorme.  Se debe llevar más cuidado con ellas que con los vehículo, cuidándose de no cruzar un carril bici sin mirar, pues ellas tienen preferencia y te puedes llevar un buen susto.


Arquitectura centenaria, típica de la ciudad, con sus fachadas inclinadas hacia delante y algunas hacia los lados. Algo que hacemos normalmente en ciudades donde lo ofrecen es un Free Tour, donde el guía te cuenta detalles y curiosidades de la ciudad muy interesantes. Una de las curiosidades de Amsterdam es la inclinación de sus edificios. La lateral era por hundimiento del suelo y la frontal era intencionada para que los ganchos que cuelgan en lo alto de los edificios permitiesen introducir o sacar muebles y demás sin que tocasen la fachada. Esto es por la estrechez de las edificaciones debido a la falta de espacio en la ciudad, lo que hizo que sus fundadores se las ingeniaran para meter la mayor cantidad de personas en el menor espacio.



El Voldenpark es el pulmón y la joya verde de la ciudad. Que paseo más genial en bicicleta, es una maravilla la vegetación y el ambiente distendido de personas disfrutando de la zona, paseando, tumbados en el césped o en los bancos.



También abundan los museos de todo tipo, pero solamente llevábamos uno en mente y era el de la casa de Ana Frank, del que no recomendamos que se visite si no has leído y vivido la historia ya que solamente es una casa vacía que cobra sentido con la imaginación. Aparte se nos ocurrió en un momento de inspiración y por pura casualidad entrar al museo del sexo. No es gran cosa la verdad pero al menos nos reímos un rato.


Y aquí yo, y al fondo la torre de la iglesia protestante del Oeste, cuyo replicar de campanas escuchaba con alegría Ana Frank cada día desde su escondite en la fábrica de su padre en la calle Prinsengracht.


Y el famoso Barrio Rojo, con sus prostitutas en escaparates reclamando tu atención, resulta hasta sonrojante y no deja indiferente a nadie. Y la razón de ser de una iglesia en medio de un barrio tan desmelenado es al parecer que los marineros eran muy propensos a los devaneos extramatrimoniales y después su fe les obligaba a confesar su pecado por lo que el negocio era redondo para ambas empresas.



Paseamos por el pueblecito de Edam, conocido por sus quesos. Parece un pueblo de cuento con casas de madera, todo muy limpio, sus canales y puentes, su vegetación, sus edificios antiguos, sus pequeños comercios con escaparates repletos de bolas de queso y su tranquilidad desbordante.



El puerto de Volendam es otro de los lugares más bonitos de la ruta. No dejamos de sorprendernos por lo limpio que estaba todo por las calles, ni una colilla en el suelo.



Darío Rossi Drummer es un artista callejero que actúa en ciudades europeas y no deja indiferente a nadie.

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