jueves, 26 de noviembre de 2015

EINDHOVEN, AMSTERDAM, VOLENDAM, EDAM


La llegada a Holanda fue por Eindhoven, ciudad que visitamos por su museo de Philips principalmente. En él se pueden ver un montón de cosas antiguas y menos antiguas fabricadas por la compañía así como toda la historia de la fábrica con más historia de la ciudad y quizás del país. Nos impresionó la cantidad de inventos creados por Philips desde su creación en 1891 hasta el día de hoy. Nos mereció la pena y la curiosidad el museo :-)

Sin expectativas ni idiosincrasias equivocadas (prostitutas y marihuana), nos dirigimos hacia la ciudad de las mil y una bicicletas, para ser más exactos se calcula que unas 700.000... La primera impresión al salir de la estación de tren es de una ciudad muy viva, antigua en aspecto pero moderna en el fondo y los valores. En ciertas horas punta el trasiego de bicis es enorme.  Se debe llevar más cuidado con ellas que con los vehículo, cuidándose de no cruzar un carril bici sin mirar, pues ellas tienen preferencia y te puedes llevar un buen susto.


Arquitectura centenaria, típica de la ciudad, con sus fachadas inclinadas hacia delante y algunas hacia los lados. Algo que hacemos normalmente en ciudades donde lo ofrecen es un Free Tour, donde el guía te cuenta detalles y curiosidades de la ciudad muy interesantes. Una de las curiosidades de Amsterdam es la inclinación de sus edificios. La lateral era por hundimiento del suelo y la frontal era intencionada para que los ganchos que cuelgan en lo alto de los edificios permitiesen introducir o sacar muebles y demás sin que tocasen la fachada. Esto es por la estrechez de las edificaciones debido a la falta de espacio en la ciudad, lo que hizo que sus fundadores se las ingeniaran para meter la mayor cantidad de personas en el menor espacio.



El Voldenpark es el pulmón y la joya verde de la ciudad. Que paseo más genial en bicicleta, es una maravilla la vegetación y el ambiente distendido de personas disfrutando de la zona, paseando, tumbados en el césped o en los bancos.



También abundan los museos de todo tipo, pero solamente llevábamos uno en mente y era el de la casa de Ana Frank, del que no recomendamos que se visite si no has leído y vivido la historia ya que solamente es una casa vacía que cobra sentido con la imaginación. Aparte se nos ocurrió en un momento de inspiración y por pura casualidad entrar al museo del sexo. No es gran cosa la verdad pero al menos nos reímos un rato.


Y aquí yo, y al fondo la torre de la iglesia protestante del Oeste, cuyo replicar de campanas escuchaba con alegría Ana Frank cada día desde su escondite en la fábrica de su padre en la calle Prinsengracht.


Y el famoso Barrio Rojo, con sus prostitutas en escaparates reclamando tu atención, resulta hasta sonrojante y no deja indiferente a nadie. Y la razón de ser de una iglesia en medio de un barrio tan desmelenado es al parecer que los marineros eran muy propensos a los devaneos extramatrimoniales y después su fe les obligaba a confesar su pecado por lo que el negocio era redondo para ambas empresas.



Paseamos por el pueblecito de Edam, conocido por sus quesos. Parece un pueblo de cuento con casas de madera, todo muy limpio, sus canales y puentes, su vegetación, sus edificios antiguos, sus pequeños comercios con escaparates repletos de bolas de queso y su tranquilidad desbordante.



El puerto de Volendam es otro de los lugares más bonitos de la ruta. No dejamos de sorprendernos por lo limpio que estaba todo por las calles, ni una colilla en el suelo.



Darío Rossi Drummer es un artista callejero que actúa en ciudades europeas y no deja indiferente a nadie.

martes, 1 de septiembre de 2015

FES, ALHUCEMAS Y EL DESASTRE DE ANNUAL


Los ancestrales y conocidos curtidores de Fes donde se curte y da colorido a las pieles de cordero como desde hace siglos. La visita a las azoteas desde donde se pueden observar estas panorámicas requiere de un ramito de menta en la nariz para soportar el fuerte olor, casi nauseabundo, que es el precio a pagar para ver esta imagen. 


Un paseo por su Medina es un viaje a través del tiempo, un viaje a una época donde muchos de los musulmanes expulsados de Granada en 1492 por lo Reyes Católicos fueron a establecer su residencia. La mezcla de olores, sonidos y colores son lo que dan lugar a esa sensación de regresión en el tiempo.




Uno de los diferentes paisajes que nos encontramos ya más al norte, en la zona cercana a Annual, muy parecido a nuestras agrestes tierras murcianas.


Y el momento emotivo del viaje. Este monte guarda la triste historia de la muerte despiadada de miles de soldados españoles desarmados el 9 de agoste de 1921, a manos de las tropas rifeñas en la batalla conocida como "El desastre de Annual", durante la Guerra del Rif. Esta posición fue defendida por soldados a la espera de ayuda que no llegó, y cuando una vez rendidos al enemigo regresaban a Melilla fueron abatidos unos 3000 hombres. Enterrados aquí podían encontrarse todo tipo de objetos militares con sello español, aunque ya expoliados por las gentes locales que intentan vender a los mínimos visitantes como nosotros.
Esta iniciativa patriótica y de respeto a los que murieron por su país del amigo Pedro fue algo que al menos yo no esperaba, pero que se quedó grabada en el grupo.


Y un pedazo de roca junto a la costa africana perteneciente al Estado español, el Peñón de Alhucemas, utilizado como acuartelamiento militar. Playas con encanto, con vegetación a pocos metros del mar, sin mucho ladrillo aun, sin turismo de masas.


Preciosa vista del Mediterráneo desde lo alto de una zona acantilada en Alhucemas donde el viento sopla agitando el mar de sobremanera.


El mercadillo de la ciudad fascina por la cantidad y lo atractivo de frutas y verduras, carne a temperatura ambiente, mezcla de olores y colores.


Y en nuestra última puesta de Sol de este viaje, unos soldados marroquíes con sus petates se pierden en el anochecer tras su turno en una de las zonas más turísticas y occidentalizadas del país.



Sin duda me traigo de esta aventura una imagen más realista de la que tenía sobre Marruecos y sus gentes, un aprendizaje, una experiencia, unos amigos, un darme cuenta de que después de cada viaje uno ya no vuelve a ser el mismo nunca.



martes, 7 de julio de 2015

EL FRIO DESIERTO, LA MOMIA Y GARGANTA DEL TODRA


Dejamos Meski para dirigirnos al desierto pero en una parte del camino Tomás se desvía sin previo aviso y nos muestra un curioso capricho de la naturaleza, un geiser entubado que lanza agua al cielo sin parar durante 365 días con una presión increíble que permite ver los colores del arco iris en la manta de neblina que crea el agua en su recorrido.




Tras dejar la bonita zona del camping de Meski nos dirigimos hacia el desierto de Merzouga¡¡¡ Llegamos con la puesta de Sol, justo en la "hora azul", atravesando las calles de tierra del poblado, de donde algunos lugareños empiezan a curiosear desde sus portales y algún bereber con turbante, a lomos de su mobiletta, empezaba a seguirnos como podía para ver donde parábamos o acampábamos para desplegar su mantel y exponernos sus fósiles por unos pocos Dirhams. Tras algún atranque en la arena por valientes..., montamos las tiendas y asábamos ese pollo que hace dos horas descansaba en su jaula en algún pueblo de nuestra ruta. Mi primer amanecer en el desierto, impresionante aunque algo nublado y el frío no nos dejaba dejar de temblar. Gracias a los estabilizadores¡¡¡ Fue una experiencia ver como va saliendo el Sol y cambian las sombras y luces en la arena de las dunas.




Otra de las maravillas fue la antigua fortaleza portuguesa donde se firmaron escenas de la peli de la Momia, a unos pocos kilómetros de Rissani. Tremendas vistas y airazo. Las vistas desde arriba hacen sentirnos empequeñecidos y alucinados de su inmensidad.



De camino a la Garganta del Todra el camino empieza a verdosear con palmerales y encontramos poblados de película, aunque la vida en ellos es mucho más dura y escasa.



Este enclave se encuentra en Tinerhir, una pequeña ciudad muy cerca del Atlas. Impresionantes paredes de piedra se levantan impresionantes con un riachuelo y algunos pequeños hoteles a un lado. Nosotros íbamos al Yasmina pero una enorme roca lo había partido por la mitad. Nos hospedamos un otro más modesto pero por fin con agua caliente y una cena estupenda donde sonaba una música buenísima que puso banda sonora a uno de esos momentos especiales mientra cenábamos. El grupo se llamaba Tinarewen, podeis escucharlo en Youtube.



La crudeza de la vida nómada se refleja en los rostros de estas simpáticas y curiosas chicas bereber, pastoreando con un hermano, o eso creo, en medio de la nada.



Y el día siguiente atravesando el Atlas encontramos estas escenas que no necesitan descripción. Nieve hasta las rodillas en este bosque de cedros.




miércoles, 15 de abril de 2015

MARRUECOS ORIENTAL




Enero de 2015, mi primera visita al continente africano, concretamente al Marruecos por su parte oriental y parte de la región del Rif, antiguo protectorado español donde se libró la histórica batalla conocida como el Desastre de AnnualDos vehículos cargados con 5 viajeros, 5 tiendas de acampada, víveres, mucha ropa para el frío, cámaras preparadas para los increíbles paisajes que nos esperaban, gps, vino y nervios de la primera vez. Con todo este equipaje partimos a las 23:30 desde Almería hasta Melilla en el ferry Juan J Sister en una movida travesía de 8 horas y media. Como no agradecer a nuestro amigo Tomás de ÑAM DU DTO por permitirnos compartir esta experiencia con él y el grupo de amigos que realizamos esta aventura, así como los truquillos fotográficos y su receta para la paella de verduras ¡¡¡ 



Las culturas ya se pueden ver bastante entremezcladas en la ciudad de Melilla, pero nada más llegar al paso fronterizo se percibe el ambiente más caótico al otro lado de la valla. Comienzan a verse los ciclomotores con más de dos pasajeros y los vehículos que dudosamente pasarían la ITV en España, animales en la calzada, carretetas tiradas por mulas, mezquitas por todas partes... Se acercan varios hombres ofreciendo su ayuda y entregándonos un papelito blanco que hay que rellenar y entregar junto al pasaporte en la garita. El trámite para los vehículos es un galimatías llevado a cabo entre policías y gorrillas que ayudan y agobian al mismo tiempo. Tras casi dos horas entre la cola de pasaportes y el galimatías de firmas que requiere el documento que te entregan para poder pasar los vehículos, por fin comienza el recorrido en tierras rifeñas. Cambiamos dinero en el primer banco que vemos y compramos las primeras barras del rico pan marroquí.




En principio la idea era ir desde Melilla en dirección a Alhucemas y luego bajar al desierto de Merzouga pero el pronóstico de mal tiempo hizo cambiar la ruta, justo en dirección contraria al planteamiento inicial del recorrido. Conforme avanzábamos hacia el sur y nos acercábamos a la zona del Atlas el tiempo empeoraba, por lo que se decidió parar lo mínimo para comer algo y avanzar hasta lo más cerca posible de Merzouga, el punto más al sur del viaje. A mitad de camino en una zona de cedros en el Atlas, paramos para ver unos monos en libertad muy sociables con las personas que allí paran para darles comida, pero el empeoramiento del temporal nos hizo salir rápido por el peligro de quedarnos atrapados. A la vuelta los veríamos con más tranquilidad, ya que pasaríamos nuevamente por el mismo paso. Finalmente acampamos en una zona junto a un pantano, ya de noche, y como las promesas se cumplen, buscamos leña y como pudimos nos las apañamos para hacer la paella de verduras pendiente desde hacía horas.


La noche fue muy fría y ventosa por lo que no pudimos casi dormir. Con caras de cansancio y mal dormir desayunamos y recogimos para continuar la travesía.  Y unos cuantos kilómetros más adelante, la sorpresa de nuestro guía Tomás fue unas espectaculares vistas de la Kashba de Meski y el espectacular palmeral que discurre como el gran cauce de un gran río y se pierde en la lejanía. Tras la panorámica bajamos a la base del palmeral donde se encuentra el camping-oasis de Meski y su conocida piscina construida por la legión francesa en tiempos de la colonia. y observamos la vida que bulle bajo su sombra, algún pequeño comerciante vendiendo textiles hechos a mano por bere beres de la zona, mujeres lavando en un riachuelo y campesinos en sus huertos. Caminamos sobre las ruinas de la kashba, intentando imaginar como sería la vida en su interior, a lo que nos ayudaba con sus indicaciones un guía improvisado en francés y cuya traducción al castellano realizó nuestro amigo Tomás.


jueves, 9 de octubre de 2014

KILLARNEY - CAHIR - GLENDALOUGH - CASCADA POWERSCOURT

Desde las dos primeras noches en Dublín este era el siguiente hostel donde pasaríamos dos noches seguidas que nos permitieran relajarnos un poco. Gran parte del día estaba lloviendo y quizás por eso y por la muy buena costumbre irlandesa había muchísima gente que estaba en los bares por la tarde bebiendo cerveza y escuchando música en directo, y eso hicimos nosotros, bebernos una Carlsberg en un bar repleto de gente y con una música buenísima, tanto que todo el que pasaba por la puerta quería entrar a mirar. Killarney nos pareció una ciudad muy bonita, cuidada y limpia, más que todas las que habíamos visto hasta ahora. Había mucho turista ya que esta ciudad se encuentra junto a un parque nacional con su mismo nombre y el lago Leane, y estos son atractivos que atrae tanta gente.

 

Uno de los días lo dedicamos a la península del Dingle, pasando por la población con este mismo nombre y yendo sin rumbo fijado por un día a ver lo que nos íbamos encontrando. Fuimos encontrando playas enormes sin apenas gente disfrutando del baño, ni en agosto apetece bañarse aquí. La verdad es que nos habíamos hecho unas expectativas elevadas de esta zona y no se cumplieron demasiado así que volvimos a Killarney y por el camino paramos a dar de comer a unas vacas que vimos, y aunque son muy miedosas y huían al menor movimiento nos fuimos ganando su confianza y nos dejaron tocarlas y fotografiarnos con ellas.

Nuevo día, miramos el mapa y decidimos salir en dirección al castillo de Cahir. Este fue el único al que entramos ya que los demás nos habían parecido demasiado destrozados y con éste nos llevamos la experiencia de haber pisado una fortaleza irlandesa.  No es excesivamente grande pero es bonito, junto al río. El pueblo no tiene nada interesante por lo que seguimos hacia la vecina localidad de Cashel y entre que llovía y que vimos andamios de obra en en las ruinas del castillo de este pueblo decidimos seguir hacia nuestro último hostel del viaje en el Parque Nacional de Glendalough.

Ya teníamos una idea buena de como eran las ciudades irlandesas por lo que descartamos pasar por Cork y nos dirigimos hacia Glendalough directamente. Por la carretera de montaña que atraviesa el parque nacional hasta llegar al poblado se pueden ver grandes extensiones de los típicos abetos de navidad y el aire es más puro y fresco si cabe por estar a más altura. Llegamos al hostel más especial que hemos estado nunca ya que se encontraba enclavado dentro de un parque nacional con un lago incluido. En este lugar pasamos dos días estupendos dando paseos por los senderos por los que se indicaban rutas circulares por el parque y que bordean el lago Upper. Nos pareció muy bonito y tranquilo con naturaleza y paisajes que recuerdan a las escenas de Juego de Tronos.

Y como siempre llega el último día de nuestro viaje. Teníamos que devolver el coche en Dublín antes de coger el vuelo, y de camino nos pillaba de paso una cascada conocida como Powerscourt. Dimos unas pocas vueltas perdidos por caminos muy estrechos para llegar hasta ella pero finalmente la encontramos. Para nuestra sorpresa tuvimos que pagar entrada, parecía estar en una propiedad privada. No hay nada más que ver que la cascada pero solo por la foto nos valió la pena. Devolvimos el coche y nos dimos cuenta de que se nos se nos hacía extraño pensar en conducir por la derecha cuando llegásemos a España. Nos fuimos de Irlanda con muy buenas sensaciones y concepto del país. Gente noble, pacífica y sencilla, pero nosotros no podríamos vivir allí sin ver el Sol en todo el año, nacimoms en el Mediterráneo...

martes, 9 de septiembre de 2014

PARQUE NACIONAL GLENVEAGH - GLEN GESH PASS - SLIEVE LEAGUE - MOHER

Gastamos las pocas libras que nos quedaban en una gasolinera en Derry antes de volver a zona Euro, nuevamente en Irlanda. A unos 60 kilómetros llegamos al Parque Nacional de Glenveagh, un lugar ideal para pasar un día de naturaleza y tranquilidad caminando por los senderos junto al lago o en bicicleta. Nosotros no podíamos quedarnos todo el día pero sí que alquilamos dos bicis y fuimos durante 3 kilómetros por un camino hasta el castillo. Fue una experiencia muy agradable la de pedalear alternando rachas de llovizna con salidas de sol, contemplando los preciosos contrastes y colores a los que da lugar la luz del Sol en una tierra siempre mojada y verde. Imprescindible chubasquero. Ya en el castillo dimos una vuelta por sus alrededores y vimos sus jardines interiores. Decidimos no ver la parte del castillo a la que había que pagar entrada, no podía impresionarnos más que los preciosos paisajes y flora que habíamos podido ver y de los que volvimos a disfrutar de vuelta al aparcamiento para devolver las bicis y continuar hasta los acantilados de Slieve League.

De nuevo disfrutando de los increíbles paisajes del Condado de Donegal y haciendo paradas por el camino para fotografíar todos los paisajes que nos íbamos encontrando durante los más de 90 kilómetros hasta los acantilados. Por el camino cruzamos por pequeños pueblos típicos irlandeses como Ardara,  y a 3 kilómetros de éste giramos a la derecha por una estrecha carretera (R230) que indicaba con un cartel marrón que por allí se iba a Glengesh Pass. Esta ruta atraviesa el conoocido valle y fue durante este recorrido donde pudimos ver uno de los mejores paisajes del condado de Donegal. Paramos en un mirador en la serpenteante subida donde tomamos esta fotografía.

Tras parar un rato para contemplar las espectaculares panorámicas continuamos hasta llegar a los acantilados de Slieve League, no sin antes desviarnos de la ruta y no encontrar el camino ni con el mapa ni con el GPS. En un lugar desconocido de los alrededores nos encontramos con dos señoras que también andaban perdidas buscando lo mismo que nosotros y finalmente las seguimos y pudimos llegar. Las indicaciones en Irlanda no son todo lo buenas que podrían ser algunas veces. Pero normalmente merece la pena perderse y luego encontrarse, sobre todo los primeros acantilados de nuestro viaje. Y como habíamos previsto hicimos noche en la ciudad de Sligo, donde casi no paró de llover toda la noche y cuando salimos a desayunar continuaba la llovizna.

En esta nueva jornada sería en la que más kilómetros haríamos de todo el viaje y a la vez en la que vimos uno de los puntos más importantes, los acantilados de Moher. Entre paisaje y paisaje nos dirigimos hacia el sur pasando por Ballina, Westport y el Parque Nacional de Connemara donde paramos para comer y descansar un rato de tanta conducción. De pasada vimos la abadía de Kylemore desde la carretera. Un no parar de paisajes fantásticos que nos hicieron ir con el tiempo pegado y muchos kilómetros por hacer hasta llegar a Killarney, por lo que nos saltamos Galway ciudad y fuimos directamente a Moher. Algo que no nos gustó fue el pago de 6€ por persona por aparcar el 

coche pero aquí pasamos algunas de las mejores horas de todo el viaje tomando fotos desde todos los puntos. Arco Iris, verdes prados, vacas, acantilados, mar, gaviotas. Hay momentos que casi no se pueden describir. Solamente por ver esto merece la pena venir a Irlanda. Una cosilla, cuidado con las vallas electrificadas para las vacas que te dejan el brazo dormido...
Dejamos los acantilados y volvimos al aparcamiento sin poder dejar de echar la vista atrás para dirigirnos a Killarney, donde pasaríamos dos noches y podríamos descansar un poco de tanto ajetreo.

domingo, 24 de agosto de 2014

DUBLIN - MONASTERBOICE - GLENARIFF - IRLANDA DEL NORTE

A nuestra llegada a Dublin ya vimos que eso de la manga corta nada. Fuimos cogiendo las primeras impresiones de la ciudad en el bus que sale del aeropuerto al centro y captando lo de la conducción por la izquierda que íbamos a experimentar en nuestra propia carne dentro de dos días, los que pasaríamos en Dublín. Empezamos echamos una ojeada a la destilería Jameson ya que estaba junto a nuestro hostel, pero sin pagar la cara entrada, seguimos dando un paseo por el parque Phoenix, una enorme extensión de árboles y vegetación donde la gente toma el sol cuando sale y da largos paseos por los serpenteantes caminos entre un verde césped. Incluso alquilan bicicletas por las dimensiones que tiene. Tras comer nos pegamos una buena caminata hasta la conocida zona del Temple Bar donde vimos el buen  ambiente que se forma por las tardes y tomamos algo en uno de sus bares, paseamos junto al río y vimos los puentes sobre el río Liffey, incluido el Puente Samuel Beckett del arquitecto español Santiago Calatrava y la catedral de San Patrick y vuelta al hostel reventados. Para el siguiente día hicimos un tour gratuito (con propinas) de cuatro horas que sale desde el City Hall a las 11 y a las 14:00 cada día y un paseo por la zona moderna de la ciudad por la noche fueron lo último que haríamos en Dublin.


No somos especialmente amantes de las ciudades y a Irlanda habíamos venido a ver naturaleza y paisajes rurales más que urbes pero siempre está bien conocer ambas cosas y lo que más nos gustó de Dublin fue el buen ambiente y la música en directo de artistas poco o nada conocidos en muchos bares de la ciudad. Incluso en el bar de nuestro hostel tocaron un grupo formado por dos jóvenes que nos encantó. Cada tarde-noche puedes disfrutar de música en directo, típica irlandesa o no, y una buena cerveza y rodeado de buen ambiente y nobleza irlandesa.


¿SABÍAS QUE...
en Dublín nació el escritores como Oscar Wilde, y actores como Jonathan Rhys-Meyers, Colm Meaney o Gabriel Byrne.



El tercer día, muy nerviosos cogimos nuestro coche, GPS y mapa y salimos por ese carril que aquí se usa para adelantar... Los dos primeros días cada cruce o redonda es un pequeño reto pero al final te haces a la conducción y no te arrepientes ya que es la mejor manera de conocer la isla ya que el transporte público no llega a esos rincones tan especiales. El primer destino fue el pueblecito costero de Howth, a pocos kilómetros de Dublín. Aquí la vida va más despacio, se respira tranquilidad en el ambiente, algún barco de pescadores faenando cerca de la bahía y gaviotas revoloteando alrededor con su típico graznido, algún grupo de niños dando clases de vela y su faro. También tuvimos la suerte de ver aunque sea de lejos una foca, ya que habíamos leído que se acercan cada día al puerto. Una vuelta caminando y tras comer a las 1 como la gente de aquí salimos hacia el yacimiento arqueológico de Newgrange y las ruinas-cementerio de Monasterboice, a muy pocos kilómetros el uno del otro.

Cuando llegamos a Newgrange nos dice un señor de admisión que ya está todo el cupo de entradas para ese día cubierto y no podría ser hasta el día siguiente, por lo que tomamos la decisión de sacrificar ese punto y ya está, cosas de los viajes por libre... A pocos minutos visitamos las cruces celtas más conocidas de Irlanda que datan del siglo X. Dentro del recinto se encuentran las cruces, una torre y las ruinas de dos iglesias, todo entre tumbas de personas fallecidas recientemente. Si te dan mal rollo estos lugares no se recomienda la visita... pero tanto en Irlanda como en Escocia son visitas casi obligadas para el turista. Al entrar al recinto hay una caseta de madera donde una señora que vende algunos souvenires te ofrece gratuitamente varias hojas plastificadas con historia sobre el origen del recinto y las cruces, algo estupendo para los que no vamos muy empapados de historia.
Nuestra tercera noche sería en Belfast. Vimos el parque en el que se encuentra el City Hall. En su interior puede verse una estatua en memoria de los fallecidos en el hundimiento del Titanic ya que el transatlántico fue construido en esta ciudad y algunas de las víctimas eran ciudadanos locales. Se puede ver un pequeño muro junto a la estatua con todos los nombres de las víctimas del naufragio. También vimos algunos de los muros aun existentes que dividen los barrios de católicos y protestantes. Únicamente vimos los del "bando" católico-separatista. Impresiona saber que hasta hace muy pocos años era zona de conflicto nada recomendable al viajero y ahora es parte de la oferta turística, salen reflejados en los mapas turísticos. Paseamos por Great

Victoria Street y vimos la fachada de la Grand Opera House, el conocido Crown Bar. Y para despedirnos fuimos a visitar el único museo del viaje, el del Titanic. No solemos llevar espectativas pero nos decepcionó que solamente fuese un gran centro comercial del que se saca rédito al hundimiento más famoso de la historia. Hay varias salas, todas muy psicodédilcas, con proyecciones e imágenes y muchos detalles pero nada del barco original que era lo que esperábamos los que nos marcó la película de Di Caprio.

Y por fin el primer contacto con naturaleza real, el parque Nacional de Glenariff, a una hora al norte de Belfast. Estos lugares exhuberantes de vegetación y agua hacen que nuestros viajes valgan mucho más la pena. Paseamos por unos senderos con barandillas de madera acondicionados para el visitante por los que se siente el verdor y el sonido del agua del río que deja ver alguna catarata espectacular. Algo que no entendíamos era el motivo del color marrón del agua de los ríos, nos extraña mucho que sea contaminación ya que la concienciación medioambiental es bastante alta aunque todo hay que decirlo existe la misma mala costumbre que aquí en de tirar colillas al suelo, las puertas de los bares es una muestra exagerada de ello.


Casi otra otra de camino más al norte visitamos el puente colgante conocido como Carrick a rede rope bridge. Tras pagar la entrada de 6 € por persona pudimos ver las primeras vistas de acantilados y tras la cola de gente que cruzaba el puente de vuelta pasamos al otro lado. Si tienes vértigo y miras abajo estás perdido... El puente une el acantilado con una pequeñísima isla en forma de peñón muy cercano. Ya en el otro lado tomamos fotografías y volvimos a cruzar uno a uno para fotografiarnos en mitad del puente.  Para salir lo hicimos por un sedero superior desde el que se tienen las mejores vistas y se observa el puente y la gente cruzando. En realidad no tiene mucho más pero las vistas merecen la pena.


Y tras el atracón de naturaleza y el primer contacto con la costa irlandesa llegamos a uno de los platos fuertes del viaje, la Calzada del Gigante, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1986. Dejamos el coche en un camino para no pagar el parking "oficial", ya que la entrada es gratuita. Una vez dentro hay un bus que baja y sube cada 20 minutos por 2 pounds más o menos pero preferimos bajar andando los 15 minutos de trayecto y ver y fotografiar todo. Ver para creer como la naturaleza puede haber creado tal composición de columnas de basalto junto al mar. Puede parecer creado por la mano del hombre pero no... Nunca me había gustado tanto un lugar repleto de piedras como el Coliseo y este.


La ciudad de Derry era la siguiente noche de hostel. Esta pequeña ciudad era como una pequeña Belfast. Se nota que ha sufrido en sus calles el conflicto entre republicanos y unionistas y se refleja claramente el recuerdo de la masacre del conocido como "domingo sangriento" donde el ejército británico asesinó a 14 personas desarmadas en el barrio libre de Derry. Afortunadamente luce, aunque no con demasiado fervor, sus murales del bando independentista como ruta para los turistas. El centro histórico se encuentra rodeado por una antigua muralla del siglo XVII muy bien conservada con sus cuatro puertas y cañones. Derry sería lo último que visitásemos de Irlanda del Norte antes de volver a entrar en Irlanda.