El vuelo con Orbest salía a las 14:55 y había que estar tres horas antes en Barajas para facturar con el papelito con la reserva de la web, y a pesar de haber hecho noche en Madrid no fuimos de los primeros y no obtuvimos asiento con ventanilla, ya que si no has pagado por reservar asiento te lo asignan en el momento de facturar la maleta con los asientos restantes. Tras facturar fuimos a una de las casas de cambio que más económico nos salía cambiar 300€ a pesos mexicanos (1€=15MXN más o menos) Sin darnos cuenta despegamos para no aterrizar hasta 10 largas horas y veinte minutos después de escuchar música, ver películas, hacer sopas de letras y un par de comidas que ofrecíeron durante todo el vuelo . Llegamos a las 18:20 hora local en México y tras un par de revisiones de pasaportes a la ligera por personal del aeropuerto de Cancún llegamos a una cola para luego pasar por uno de los mostradores donde te ponen el visado y te recortan la mitad de la hoja de inmigración de México que nos dieron poco antes de aterrizar. Es importante no perder esa media hoja para poder salir del país sin tener que denunciar su pérdida y otros problemas. El siguiente paso es la recogida de maletas y el paso por la zona de aduanas donde entregas otra hojita rellenada previamente y la chica que hay te hace que le des a un botón y si se pone verde pasas sin registro y si se pone rojo te abren la maleta. Nos tocó verde. Cuando vinimos a salir a la calle ya era de noche puesto que allí anochece sobre las siete y media. Allí nos esperaba un transporte privado que reservamos por Internet en la web de MyCancúnTours por 28 dólares americanos los dos, que nos llevó directamente al Hotel Terracaribe. Tras la llamada a la familia desde el mismo hotel nos fuimos a dormir con el nuevo ambiente de humedad tan novedoso y algo agobiante para nosotros que reina en el Caribe. Cancún no lo visitamos por recomendaciones de seguridad y porque pensamos que no tenía nada de lo que nosotros buscábamos.
la forma más espontánea y cariñosa que uno se puede imaginar. Nos enseñaron donde viven, como duermen en hamacas, el interior de sus palapas y la parte de atrás donde tenían pavos y una especie de pila donde lavan la ropa sus madres a mano. Alguna de las casas tenían una bombilla conectada a una batería y una placa solar. Su curiosidad hizo que nos bombardearan a preguntas que respondimos con mucho gusto, así como nosotros hicimos a ellos también. Después les regalamos unas piruletas que llevábamos y tan contentos. Fue muy emotivo y solamente el hambre nos hizo despedirnos de ellos tras comprar unas pulseritas hechas por sus madres.
Ya cansados volvimos al hotel y allí conocimos a Hugo, un bebé mono que rondaba por el hotel y lo alimentaba un empleado. Ducha y vuelta a Tulum a comprar para desayunar en la habitación los siguientes días y a cenar en un restaurante, pero esta vez más parecido a lo que se conoce por aquí. La cena fue una buena pizza, canelones y bebidas por 250 pesos, el doble de las comidas en días anteriores en los pueblecitos, pero aún así no estaba mal. Un día para no olvidar jamás.
poblado. Es una pequeña aldea donde viven en casas típicas mayas, las mujeres tejen hamacas y se respira un ambiente de paz y tranquilidad muy grande, la sensación es de que allí no conocen la prisa, el estrés ni la información tal y como la conocemos aquí. Nos acercamos a una casita tipica donde habían varias mujeres y un señor de avanzada edad en una hamaca y nos enseñaron su pequeño hogar y contestaron a nuestras curiosas preguntas. En otra casita una mujer hilaba una hamaca y exponía otras cuantas para si algún turista pasaba por allí, ya que según nos comentó una chica joven que vendía en una minúscula tiendecita, donde compramos piruletas para dar a los niños, que son muy pocos los turistas que pasan por el poblado y van solamente a las ruinas. Caminando por la aldea nos encontramos con unas cabañas en medio de un jardín que alquilan a turistas y tienes la posibilidad de pasar unos días junto a ellos, (WEB), así como un pequeño hotel de una señora italiana, pero nos dio la impresión de que el turismo no desborda aquí como en otros lugares.
Tras estacionar ya en las ruinas, sacamos las entradas (35+60 pesos) y comenzamos con el recorrido. Encontramos a muchos compatriotas con la pulserita de los "todo incluido". Son unas ruinas bonitas y salvajes y permiten subir a la pirámide a lo más alto donde puedes ver todo el manglar perderse en el horizonte mezclado con un cielo azul y nubes blancas. La costosa subida merece la pena. Es otro lugar con un encanto especial, con accesibilidad a todos los rincones de la zona arqueológica, incluso había rincones donde no se veía ni escuchaba a los demás visitantes y solo a la fauna, sentados dobre unas piedras milenarias. Y nuevamente Apocalypto en nuestra cinéfila mente.
De vuelta por donde habíamos venido paramos a la salida de Temozón nuevamente a comer en un local donde nos apretó el hambre y la comida tenía buena pinta. Y con el estómago lleno salimos hacia Valladolid donde decidimos pegarnos un baño en el cenote Zací que se encuentra por el centro de la ciudad. Es otra maravilla cavernosa donde durante el baño se observa la vegetación en lo alto y se escuchan los pájaros y más fauna que se encuentran en sus alrededores. Unos niños se agarraban a una cuerda que pendía del techo como si fuese una liana y saltaban al agua como tarzán. El agua fría y los peces gato con sus bigotes melodeando por todos sitios. Este cenote fue uno el más económico, pues la entrada costaba solamente 15 pesos.
Cuando nos saciamos pasamos las siguientes horas viendo esta bonita ciudad colonial con su colorida y bella plaza central, donde nos cayó otro chaparrón que capeamos tomando un helado y observando el ir y venir de la gente del lugar. Esta ciudad transmite una sensación de tranquilidad admirable además de ser muy limpia. Tiene una emisora conocida en la zona llamada La Poderosa de Oriente donde emiten canciones muy graciosas de artistas nacionales mexicanos como "El Pulpo
Alfredo y sus teclados" y "Hugo Ruiz" que nos hicieron reír mucho mientras conducíamos. Finalizada la tormenta salimos hacia nuestro hotel y de camino paramos en puesto a tomarnos unos cocos fríos con pajita que estaban muy dulces por 20 pesos cada uno. La cena fue muy light en un local de carretera y tras tardar más de lo normal en llegar al hotel por ir despacio disfrutando de la frescura que sigue a la tormenta, llegamos ya de noche y para no perder la costumbre nos acostamos a las 9, no sin antes poner la mosquitera a la cama porque íbamos cosidos de alguna especie de mosquitos inapreciables pero que nos avasallaban. El día de hoy había sido duro pero muy enriquecedor culturalmente con todo lo que habíamos visto. Estábamos encantados de todo lo visto en Yucatán hasta el momento y tranquilos de ver que casi nunca las cosas son como las pintan, refiriéndonos al tema de la inseguridad que tanto miedo nos habían metido desde España.
DÍA 4 Hoy habíamos decidido ir a Ek Balam, tanto poblado como ruinas que están muy cerca. Cogimos dirección Valladolid y después dirección Tizimín. Pasamos por un pueblo llamada Temozón (Yucatán) y nos encontramos con una banda de música con bombos y platillos como las de época de aquí en España y ya que paramos aprovechamos para comprar agua y llamar por teléfono con tarjetas de prepago para cabina de 50 ó 100 pesos que venden en la cadena de tiendas Oxxo. Continuamis hasta llegar a un cruce donde indica Ekbalam. Ya en la carretera que lleva a las ruinas hay un último cruce donde debes elegir a la izquierda poblado y recto ruinas. Primero pasamos a ver el
poblado. Es una pequeña aldea donde viven en casas típicas mayas, las mujeres tejen hamacas y se respira un ambiente de paz y tranquilidad muy grande, la sensación es de que allí no conocen la prisa, el estrés ni la información tal y como la conocemos aquí. Nos acercamos a una casita tipica donde habían varias mujeres y un señor de avanzada edad en una hamaca y nos enseñaron su pequeño hogar y contestaron a nuestras curiosas preguntas. En otra casita una mujer hilaba una hamaca y exponía otras cuantas para si algún turista pasaba por allí, ya que según nos comentó una chica joven que vendía en una minúscula tiendecita, donde compramos piruletas para dar a los niños, que son muy pocos los turistas que pasan por el poblado y van solamente a las ruinas. Caminando por la aldea nos encontramos con unas cabañas en medio de un jardín que alquilan a turistas y tienes la posibilidad de pasar unos días junto a ellos, (WEB), así como un pequeño hotel de una señora italiana, pero nos dio la impresión de que el turismo no desborda aquí como en otros lugares.
Tras estacionar ya en las ruinas, sacamos las entradas (35+60 pesos) y comenzamos con el recorrido. Encontramos a muchos compatriotas con la pulserita de los "todo incluido". Son unas ruinas bonitas y salvajes y permiten subir a la pirámide a lo más alto donde puedes ver todo el manglar perderse en el horizonte mezclado con un cielo azul y nubes blancas. La costosa subida merece la pena. Es otro lugar con un encanto especial, con accesibilidad a todos los rincones de la zona arqueológica, incluso había rincones donde no se veía ni escuchaba a los demás visitantes y solo a la fauna, sentados dobre unas piedras milenarias. Y nuevamente Apocalypto en nuestra cinéfila mente.
Alfredo y sus teclados" y "Hugo Ruiz" que nos hicieron reír mucho mientras conducíamos. Finalizada la tormenta salimos hacia nuestro hotel y de camino paramos en puesto a tomarnos unos cocos fríos con pajita que estaban muy dulces por 20 pesos cada uno. La cena fue muy light en un local de carretera y tras tardar más de lo normal en llegar al hotel por ir despacio disfrutando de la frescura que sigue a la tormenta, llegamos ya de noche y para no perder la costumbre nos acostamos a las 9, no sin antes poner la mosquitera a la cama porque íbamos cosidos de alguna especie de mosquitos inapreciables pero que nos avasallaban. El día de hoy había sido duro pero muy enriquecedor culturalmente con todo lo que habíamos visto. Estábamos encantados de todo lo visto en Yucatán hasta el momento y tranquilos de ver que casi nunca las cosas son como las pintan, refiriéndonos al tema de la inseguridad que tanto miedo nos habían metido desde España.
impresionantes fotos.... impresionante experiencia.
ResponderEliminar¡Hola Antonio!
ResponderEliminarMe das mucha envidia "sana" con estas entradas de tu viaje a Riviera Maya. La luz, la sinfonía de color de sus paisajes, la naturalidad de sus gentes, y tu relato consiguen que mi mente se acerque de forma casi real a ese impresionante escenario, como si ya hubiera viajado a este bello lugar. ¡Bravo!.
Saludos
Tomás